¿Cómo estamos después de más de un año pandemia?
- Consuelo Carvacho
- 27 sept 2021
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 9 mar 2022
Durante el año 2020 empezamos a vivir un escenario muy complejo a nivel mundial, debido a que se produjo una pandemia por la aparición de una nueva enfermedad; el coronavirus o COVID 19. Frente a lo anterior, y luego de más de un año de pandemia, hemos podido evidenciar que esta experiencia ha tenido consecuencias devastadoras. Ha afectado la salud física y mental, teniendo efectos en diferentes áreas y niveles de nuestra vida. A lo largo de todo este periodo, se ha observado que en todos los países del mundo se fue acrecentado el uso de antidepresivos y ansiolíticos, e incluso, en Chile ocurrió que hubo escasez de psicofármacos.
Expertos hablan de “la otra pandemia”, quizás para referirse a esto mismo, ya que cada vez más personas necesitan calmantes para enfrentar el estrés que conlleva el encierro y los cambios que hemos tenido que afrontar. Entonces, sería posible pensar que la salud mental está tomando un lugar más relevante, se está haciendo visible y necesario atender. Se ha observado un aumento de personas con estrés laboral y licencias médicas por salud mental. Hay estudios, como el de la Asociación Chilena de Seguridad y la Universidad Católica que han detectado que un alto porcentaje de la población, en este caso, el 46,7%, presentaron síntomas depresivos en el marco del alza de contagios y la mayor parte del país confinado. Esto nos indica que esta problemática existe, y que está ocurriendo que muchas personas se han sentido en una situación frágil, vulnerable y compleja a nivel mental. Por lo tanto, es un hecho, ha aumentado la demanda de atención psicológica y médica por diversas patologías o sintomatologías.
Frente a esta experiencia, ¿qué podemos hacer? y ¿cómo podemos enfrentarnos a un posible padecer o patología?
Una manera de afrontar este escenario es conocer ciertas directrices para ir observando qué podría estar ocurriendo en cada caso y cómo se podría manejar. Un área importante que ha sido afectada fue la conciliación del teletrabajo y la familia. Por lo tanto, sería fundamental recalcar 3 tópicos que podría ayudar a enfrentar este aspecto. Para empezar, la organización familiar es clave, ya que mientras mayor claridad tenga cada integrante de la familia con respecto a lo que se espera de ellos, mejor pueden funcionar. Sería esperable que ambos padres trabajen como un equipo, que quede claro que la mamá y el papá son los encargados de las tareas más “grandes” y que tienen el rol de definir las reglas y límites. Además, si los hijos saben que son los encargados de ayudar en ciertos aspectos de la casa y que lo demás les corresponde a sus padres, es posible que vaya disminuyendo la tensión y aliviando la dinámica familiar. Por otro lado, sería relevante destacar el concepto de las reglas y límites, ya que si no hay claridad de qué tenemos que hacer, cómo, dónde y cuándo lo hacemos, todos se pueden perder en lo que se espera de cada uno. Entonces, definir, poner lineamientos claros respecto de lo que se debe y no se debe hacer, es una manera de estructurar el funcionamiento familiar. Por ejemplo, definir horarios, lugares de trabajo o estudios, establecer momentos de juegos, y tiempos o espacios para conversar, da alivio, porque así todos saben cuándo se puede contar con eso y en qué momento no. Por otro lado, sería primordial bajar las expectativas y exigencias del funcionamiento familiar y laboral. Estamos en una pandemia, esto quiere decir, que el modo de llevar las cosas puede ser distinto, anormal comparándolo con lo que era habitual, y eso no quiere decir que esté “mal”. Hay que ir flexibilizando y tomando decisiones de acuerdo con cada caso y cada realidad, ya que puede haber cambios de manera diaria. Sería oportuno no desesperarse porque a veces las cosas no funcionan o se salen de los esquemas, sino que intentar mirar las cosas con claridad y perspectiva, ya que se han producido cambios externos que influyen a nivel interno; como las variaciones de horarios, el toque de queda, uso de mascarilla y alcohol gel, entre otros. Esos cambios también pueden generar diferencias en el funcionamiento de la casa, y en ese caso, no tiene porqué ser negativo, sino que puede ser una oportunidad para desarrollar creatividad y realizar actividades que se habían postergado.
Otro aspecto significativo para destacar y afrontar en estos momentos de pandemia sería pensar ¿cómo podemos proteger nuestra salud mental? Con prevención, aumentando los espacios de autocuidado, fortaleciendo nuestras redes de apoyo y con psicoeducación. Realizar actividad física, hacer yoga, mindfulness aumenta el bienestar. Asimismo, es fundamental mantenerse activo con algunos hobbies, y en el caso de las personas que ya tenían hobbies y que ahora no pueden practicarlos porque no pueden salir, es una oportunidad para descubrir nuevos talentos que se puedan realizar dentro del hogar. Otro de los aspectos protectores a recalcar, sería mantener una red de apoyo. No estamos solos, vivimos en sociedad y el apoyo del otro es muy relevante para sentirse acompañado, hablar, ayudarnos, entre otras cosas. Finalmente, con la psicoeducación tenemos la posibilidad de aprender técnicas y entender el funcionamiento humano, lo que permite cierto alivio y comprensión de lo que nos ocurre.
Además de lo anterior, sería clave poder identificar ciertas banderas rojas o signos de alerta para saber cuándo es pertinente y necesario pedir ayuda profesional, ya que muchas veces nos cuesta reconocer y aceptar cuándo es momento para acudir a un profesional. Antes de comenzar a nombrar signos de alerta, es primordial destacar que es de valientes pedir ayuda y que es un gran paso darse el permiso de reconocer que todos tenemos vulnerabilidades, por lo que es prioridad solicitar apoyo cuando hay algo que nos supera. La familia y los amigos nos pueden ayudar, escuchar y aconsejar, pero no es lo mismo que asistir a un profesional, ya que éste tendrá una escucha y mirada neutral, además de herramientas que le permitirán afrontar el padecer o lo que le pueda estar ocurriendo a la persona.
Es posible mencionar que todos somos diferentes y que todo depende del caso a caso, por lo mismo, este material puede ser de utilidad como una mirada frente a un escenario que a todos nos afecta, pero que puede ser distinta la experiencia para una persona u otra. Sin embargo, hay ciertas alarmas y banderas rojas que pueden ser de utilidad para darse cuenta de qué podría salirse de su normalidad o de la normalidad esperada. Algunos de los signos más relevantes a considerar; sería, por ejemplo, que una persona note que está constantemente irritable, que la ansiedad y angustia interfieren con su día a día, que no pueda desarrollar las tareas diarias, que la persona no tenga ganas de levantarse, que esté excesivamente cansado/a, que haya dificultad para dormir o que se despierte constantemente durante la noche. También puede ocurrir que haya cambios en la conducta y comportamiento, en estos casos puede haber violencia, estados conductuales extraños o disruptivos. Todo lo anterior serían motivos para consultar a un profesional de la salud mental.
Para finalizar, la decisión con respecto a qué profesional consultar, depende de lo que quiera y espere cada persona, ya que, si es que existe la necesidad de sanar el conflicto de raíz y generar cambios, es mejor consultar a un psicólogo o psicoanalista. En el caso de que haya intensión de reducir los síntomas y que no se quiera profundizar en el padecer, pueden ir directamente a un psiquiatra. Muchas veces el tratamiento se hace en conjunto, el psiquiatra, psicólogo o psicoanalista trabajan muy de la mano, solo depende de lo que la persona espere y quiera con respecto a su salud mental y su vida.





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