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Efectos en la salud mental con la concepción de un bebé durante la Pandemia del COVID-19

Actualizado: 11 nov 2022

Frente al contexto que se ha vivido con la pandemia, sería interesante pensar desde la mirada de Klein, qué consecuencias podría tener la salud mental en las personas nacidas durante este tiempo de confinamiento y pandemia, y cómo viven las madres y padres este escenario.

Si pensamos que el nacimiento y los primeros años de vida son fundamentales en el desarrollo y constitución psíquica de la persona según lo que postula M. Klein, ¿Qué podría pasar con las personas que nacieron en este contexto estresante, incierto y cambiante que nos presenta la pandemia? ¿Cómo estarán viviendo el nacimiento las madres y los padres que tienen hijos en este contexto? Quizás, los padres ya tienen la preocupación de su propia salud física, pero no solo deben temer por este ámbito, sino también por su situación económica y por la disponibilidad del personal de salud, del apoyo de su red más cercana y de los elementos que puedan necesitar para la llegada de su hijo/a. Estos aspectos ya son motivos para que ambos padres puedan estar estresados o preocupados por el nacimiento de su bebé. Si los padres se encuentran con este estado emocional y afectivo, sería probable que el contexto no sea el más adecuado u óptimo para acoger, proteger y entregar un ambiente continuo, estable y seguro para los primeros meses de un bebé. En este caso, se podría pensar que la percepción del bebé del pecho bueno o malo podría verse afectado por este contexto, lo que perturbaría la internalización del pecho bueno para la constitución del yo.

Melanie Klein lo reitera a menudo: el pecho bueno internalizado es el núcleo alrededor del cual se va constituyendo el yo. Es fuente de gratificación y reaseguramiento; permite tolerar la frustración o el retraso de la gratificación impuesto por la realidad; aplaca las angustias persecutorias y depresivas; permite al sujeto el uso y el desarrollo de sus propias capacidades. En este sentido es estructura y estructurante (Baranger, 1994, p. 324).

Si es así, es posible pensar cómo estaría la madre emocionalmente en momentos de pandemia para recibir la agresividad propia del bebé. Ya que, si tenemos a una madre desbordada y estresada por el contexto, quizás no esté disponible afectivamente para poder tolerar las angustias persecutorias y depresivas, lo que perjudicaría al bebé en su percepción del mundo y su desarrollo. Para el bebé el mundo sería inicialmente el pecho de la madre y luego, vendrían a ser los demás objetos. Si es que el bebé recibe continuamente un pecho malo más que un pecho bueno, es probable que al bebé se encuentre en una posición esquizoparanoide más que en una posición depresiva. Desde Klein, se piensa que el ambiente es fundamental para que el pecho bueno sea protagonista en los primeros años de vida del bebé, ya que, si no es así, van a predominar las fantasías y afectos agresivos, tales como el odio, los celos, la envidia o rabia. Entonces, si hay un ambiente que no es continuo, estable ni amoroso, como ha sido el contexto pandémico y como se ha observado en los estudios realizados durante el confinamiento, es probable que muchas madres no han sido favorecidas en los primeros meses o el primer año. Sin redes de apoyo y lazos cercanos, o con la incertidumbre de los contagios o los cambios del ambiente, es probable que muchas madres estuvieron estresadas. Este estrés o estado emocional, ¿afectaría al lactante al momento de percibir el pecho de una madre que ha sufrido con este contexto?

El pecho preexiste a la experiencia. En la fantasmática trascendental, es el centro de una cantidad de fantasías originarias que condicionan la posibilidad de amamantamiento, e inclusive pueden impedirlo en ciertos casos de recién nacidos aparentemente normales y que han alcanzado el grado de maduración necesario para la lactancia. De igual modo la activación circunstancial de estas fantasías puede interrumpir una lactancia ya empezada y obligar a sustituir el amamantamiento natural por el artificial (Baranger, 1994, p.328.).

Es cierto que hay que estudiar el caso a caso y ver todos los factores que puedan influir a la hora de determinar este aspecto, pero sin duda, es algo nuevo que le ha tocado vivir a todos/as.

El primer énfasis en la destructividad, que era consecuencia del desarrollo de la idea kleiniana sobre la envidia innata y el instinto de muerte, cedió el paso a una comprensión más amplia del amor y el odio, y de la importancia del deseo o la posibilidad de reparar el objeto atacado y destruido en la fantasía. Según la nueva concepción, el ataque al objeto (al pecho) se combina con el deseo de reparar ese daño y poder realizar el duelo por la pérdida en la posición depresiva (Bronstein C., 2000, p. 77).

Claramente la salud mental de muchas personas se vio afectada por este contexto. Hubo varios duelos que asumir; pérdidas de personas amadas, pérdida de ciertas libertades, asumir que ya no se podía ver a las personas como antes, se perdió la presencialidad en el trabajo y el estudio, muchos tuvieron que reinventarse laboralmente, entre otras cosas. Frente a lo anterior, es posible pensar que algunas madres y algunos padres que tuvieron que asumir la concepción de un hijo/a en este contexto, pueden haber tenido que enfrentar aún más duelos y dificultades en este periodo de pandemia, ya que tener un hijo/a con esas limitaciones puede generar bastante malestar y más ansiedades que en un contexto más normal y estable. Desde aquella idea, sería posible pensar que, si los padres no cuentan con salud mental para asumir ese rol, con la tolerancia a las frustraciones y ansiedades, es probable que los primeros meses o el primer año del bebé tenga más presencia de un pecho malo que uno bueno que le permita reparar el daño provocado por su agresividad, lo que dificultaría hacer el duelo por la pérdida para pasar a la posición depresiva.

Para finalizar, sería posible preguntarse, cómo poder ayudar que las personas, en especial las madres, padres e hijos/as nacidos en este periodo para que logren reparar el daño o la vulnerabilidad que afectó su posibilidad de adoptar mayor aceptación de los cambios contextuales y, por ende, los duelos de la vida, con el objetivo de poder ayudar a su hijo/a a tolerar la agresividad y las ansiedades constitutivas del ser humano. Klein propone que, para lograr la cura y un sujeto integrado, sería necesario el trabajo terapéutico en una dirección que posibilite que la persona pueda desarrollar maduración emocional, aceptación de la realidad, fortalecimiento del carácter, internalización de los padres buenos, tolerar el sostén por sí mismo, aceptar lo que no hay y lo que nunca va a haber, poder profundizar en el mundo interno, fuerza para tolerar las emociones dolorosas, sostenerse en las propias convicciones, entre otros aspectos relacionados. Entonces, en este caso, sería relevante trabajar con las madres para prepararlas para la llegada y la concepción de su hijo/a, con el fin de prevenir la tendencia hacia la destructividad y que se habilite la posibilidad de que el bebé desarrolle la capacidad de aceptar los duelos, logre un sentido de vida y una tendencia a amar, cuidar y vivir.


Referencias

Baranger W. (1994) Validez del concepto de objeto en la obra de Melanie Klein (pp.321-346) Artesanías Psicoanalíticas, Ediciones Kagierman. Buenos Aires.

Bronstein C. (2000) La técnica y la interpretación en Klein. Los diálogos sobre Klein-Lacan. Ed. Paidós. Buenos Aires.



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