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Lo que de verdad discuten las parejas cuando discuten

  • Foto del escritor: Consuelo Carvacho
    Consuelo Carvacho
  • 4 ago
  • 3 min de lectura

Hay una escena que se repite en consulta de pareja con una regularidad notable: discuten siempre del mismo tema, aunque cambie el motivo. Un día son los platos sin lavar, otro día es la familia política, otro es el dinero. La forma cambia, pero la estructura de la pelea es casi idéntica, palabra por palabra, gesto por gesto.

Eso es una pista importante, aunque casi nunca se note en el momento: probablemente no están discutiendo por lo que creen que están discutiendo. Detrás del tema de turno suele haber algo más antiguo — una necesidad de sentirse elegido, un miedo a no ser suficiente para el otro, una historia previa de sentirse desatendido que la pareja actual reactiva sin proponérselo.

Las etiquetas de apego (ansioso, evitativo, seguro) han vuelto a ponerse de moda para explicar estas dinámicas, y vienen de una teoría seria. El problema aparece cuando en redes sociales se usan como diagnóstico instantáneo: "él es evitativo, yo soy ansiosa, por eso no funcionó". Usarlas así cierra la pregunta en vez de abrirla. El apego describe un patrón general de vínculo, no explica la historia particular de una relación específica, ni lo que dos personas construyeron entre ellas.

El silencio, en pareja, es otro territorio que suele malinterpretarse. A veces se lee automáticamente como indiferencia — "ya no le importo" — y esa lectura se instala antes de verificar nada. Pero el silencio también puede ser el lugar donde el otro no encuentra las palabras, no porque no le importe, sino porque no sabe cómo decir lo que le pasa. Antes de decidir qué significa el silencio ajeno, vale la pena preguntarse qué es lo que uno necesita que ese silencio signifique.

Hay también una tensión bastante extendida entre la independencia y la necesidad de vínculo. "No necesito a nadie", "me basto sola", "el amor sano no depende de nadie" — son frases que circulan como ideal de salud mental en pareja. Y hay algo cierto: depender del otro para todo puede ser un problema. Pero convertir el "no necesito a nadie" en una bandera puede ser también una forma de protegerse de algo: del riesgo de necesitar y de que ese necesitar no sea correspondido. Necesitar al otro no es debilidad — es parte constitutiva de estar en un vínculo real.

Existe además una soledad particular que solo se siente estando en pareja. No es la soledad de estar solo, es la de estar al lado de alguien y sentir que, aun así, hay algo que no se logra compartir o decir del todo. Esa soledad de a dos suele generar culpa — "si tengo pareja no debería sentirme así" —, pero no necesariamente indica que algo esté fallando. A veces recuerda simplemente que ningún vínculo, por bueno que sea, completa del todo, y que hay una parte de cada uno que sigue siendo, inevitablemente, propia.

Lo que se llama comúnmente "poner límites" en pareja también merece una revisión. No es una técnica de comunicación que se aprenda en tres pasos. Muchas veces lo que realmente cuesta no es poner el límite en sí, sino dejar de sentir culpa por tener una necesidad distinta a la del otro. El límite es más un resultado que una herramienta: el resultado de haberse preguntado antes por qué cuesta tanto que el propio deseo tenga el mismo peso que el del otro.

Los celos son otro territorio que suele abordarse de forma reduccionista, como si fueran simplemente inseguridad a erradicar. En dosis menores, pueden señalar algo real sobre el estado de un vínculo — una distancia que efectivamente apareció, una atención que efectivamente se movió hacia otro lado. El problema no es sentir celos alguna vez, sino cuando se vuelven una lectura constante y desproporcionada de cualquier situación; ahí sí suele haber algo más antiguo, previo a esa pareja en particular, que merece ser pensado.

Después de una pelea, hay parejas que se apuran a "hacer las paces" sin haber entendido realmente qué pasó, solo para bajar la tensión del momento. Ese apuro suele garantizar que la misma pelea vuelva, casi intacta, la próxima semana. Sostener la incomodidad un poco más, en vez de resolverla rápido con un abrazo que tapa la conversación pendiente, a veces es lo que realmente permite que algo cambie.



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Consuelo Carvacho Köstner · Psicóloga Clínica, U. Diego Portales (título homologado en España) · Orientación psicoanalítica lacaniana · SIS N° 193876
© 2026 Consuelo Carvacho Köstner · consuelocarvacho.com · Todos los derechos reservados

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