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Cuando todo tiene que resolverse rápido: el costo subjetivo de vivir sin tiempo para preguntarnos

  • Foto del escritor: Consuelo Carvacho
    Consuelo Carvacho
  • hace 5 días
  • 2 min de lectura

Vivimos en una época que nos promete soluciones inmediatas. Si algo duele, buscamos una técnica que lo elimine. Si una relación entra en crisis, queremos saber qué hacer de inmediato. Si sentimos ansiedad, buscamos cómo dejar de sentirla cuanto antes.

La rapidez se ha convertido en un ideal.


No solo esperamos respuestas rápidas de los demás; también las exigimos de nosotros mismos. Queremos entendernos en pocos días, superar una pérdida en semanas, dejar atrás una separación rápidamente o volver a sentirnos "bien" cuanto antes.

Pero el sufrimiento humano no siempre responde a esa lógica.


Desde el psicoanálisis entendemos que un síntoma no aparece por casualidad. Muchas veces es la forma en que algo que no ha podido decirse encuentra una manera de expresarse. La ansiedad, el insomnio, las crisis de angustia o las dificultades en las relaciones pueden ser intentos del psiquismo por hablar allí donde las palabras no han alcanzado.


Cuando solo buscamos apagar el síntoma, podemos aliviar momentáneamente el malestar. Sin embargo, aquello que dio origen al sufrimiento suele permanecer intacto y regresar más adelante bajo otra forma.


Por eso muchas personas sienten que han probado distintas herramientas, han leído libros, escuchado podcasts o realizado cursos de desarrollo personal, pero algo sigue repitiéndose.


La pregunta no es únicamente cómo dejar de sufrir.


La pregunta también puede ser:

¿Qué está intentando decir ese sufrimiento?


Vivimos tan acelerados que incluso perdemos la capacidad de escucharnos. Pasamos de una tarea a otra, de una pantalla a otra, de una preocupación a la siguiente, sin detenernos a preguntarnos qué lugar ocupa ese malestar en nuestra historia.


Escucharse requiere tiempo.

Y hoy el tiempo parece ser justamente aquello que menos estamos dispuestos a concedernos.


La terapia no consiste en ofrecer respuestas prefabricadas ni recetas universales. Es un espacio donde cada persona puede construir sus propias preguntas y descubrir que aquello que parecía un problema aislado muchas veces está enlazado con una historia, con vínculos, con deseos y con formas particulares de relacionarse consigo mismo y con los otros.


No se trata de pensar más.

Se trata de poder pensar de otra manera.


A veces el mayor cambio comienza cuando dejamos de exigirnos soluciones inmediatas y empezamos a darle un lugar a aquello que insiste en aparecer.


Porque comprender lo que nos ocurre suele transformar mucho más que simplemente intentar hacerlo desaparecer.


¿Hace cuanto no te das el espacio para preguntarte qué hay detrás de tu malestar?



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Consuelo Carvacho Köstner · Psicóloga Clínica, U. Diego Portales (título homologado en España) · Orientación psicoanalítica lacaniana · SIS N° 193876
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